domingo, 21 de enero de 2007

simbolismo oculto del cementerio de elefantes


El explorador inglés del siglo XIX David Livingstone fue uno de los primeros europeos que se refirió a la supuesta existencia del mítico "cementerio de los elefantes": en un lugar recóndito del África Negra, había una especie de santuario funerario a donde se retiraban los elefantes moribundos, para que sus osamentas reposaran junto a las de miles de congéneres pertenecientes a las generaciones anteriores.

Lógicamente, este rumor despertó un enorme interés entre los cazadores ávidos de apoderarse del preciado marfil de los colmillos del elefante. Durante décadas, numerosos aventureros se dedicaron a la infructuosa búsqueda del cementerio de los elefantes. Las novelas de Edgar Rice Borroughs y las películas de Tarzán de la década de los 30 contribuyeron a difundir el mito en el imaginario colectivo occidental. Hasta que, aproximadamente desde 1950, terminó quedando claro que tal cementerio sólo debía ser entendido como producto de un relato legendario. Con lo cual, al parecer, perdía todo interés -salvo como curiosidad folclórica- el mito que, durante décadas, había fascinado a varias generaciones de aventureros visionarios.

Ahora bien: desde el punto de vista simbólico, el cementerio de los elefantes posee un significado que habitualmente ha sido pasado por alto. Idealmente oculto tras una cascada y situado en una hondonada inaccesible y poblada de enormes esqueletos de aspecto cuasi-prehistórico, el legendario cementerio constituye un territorio sagrado que concentra el doble simbolismo del elefante (el silencio, la sabiduría, la memoria) y el marfil (la pureza de la materia noble, como sucede también con el ébano y el cedro). Y, por otro lado, resulta indudable la analogía arquetípica entre el mítico santuario africano de los elefantes y el mito asiático de Shamballa o Shangri-La. En ambos casos, estamos en territorios donde el tiempo detiene, ralentiza o revierte su curso, frente al discurrir mecánico e inexorable de una temporalidad uniforme, propio del tiempo profano, más degradado aún en una civilización occidental que ha destruido la santificación ritual del tiempo, elemento central dentro de la visión del mundo de las culturas tradicionales.

Finalmente, señalemos que el cementerio de los elefantes puede ser situado en la órbita imaginal del inconsciente colectivo y los arquetipos junguianos. Más en concreto: aventuramos la hipótesis de que constituye una cierta manifestación plástica del inconsciente colectivo de Jung, entendido como gran depósito transpersonal donde la memoria colectiva de la humanidad deposita las imágenes fundacionales del universo icónico de la conciencia humana originaria. El cazador occidental que busca el cementerio para esquilmar su marfil corresponde a la pulsión profanadora que, lejos de adoptar una actitud de reverencia hacia ese depósito sagrado de imágenes arquetípicas que subyace en el fondo de toda alma individual, se siente compelido a una continua transgresión, en nombre de una "libertad" que sólo podemos calificar como suicida.

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